Sol y humano

¿Vitamina D o depresión? Cuando el cuerpo también habla

January 26, 20263 min read

¿Vitamina D o depresión? Cuando el cuerpo también habla

Tenía 39 años y llevaba casi un mes sin ganas de salir ni de hacer absolutamente nada.

Todo comenzó con una lesión en la encía que se inflamaba unos días antes de mi periodo menstrual. Fui a limpieza con el dentista y me dijeron que probablemente se debía a cambios hormonales. Lo primero que pensé fue: “Ya voy a cumplir 40 años… ¿realmente ya estoy tan vieja?”. Traté de justificar ese pensamiento recordando que me había bajado muy pequeña: a los nueve años.

Siempre he sido “muy hormonal”; cualquier cambio emocional fuerte puede alterar mi ciclo o incluso hacer que se retrase.

Por más que analizaba la situación, sentía que no tenía una razón clara para estar así y, sin embargo, estaba deprimida. Me costaba tomar decisiones, no quería salir ni despertar, sentía el cuerpo “cortado” casi todo el tiempo. Me sentía triste, sola y desmotivada. Actividades que antes disfrutaba, como hacer ejercicio o bailar, se volvieron un martirio.

Algunas amistades se preocuparon; otras no me creían. Les parecía imposible que la falta de una vitamina pudiera provocar algo así. Yo me sentía rara, distinta, fuera de este mundo. Me decían: “Tú siempre tan alegre, tan segura… ¿qué te pasó?”.

Decidí acudir con mi ginecóloga, quien me mandó a hacer estudios de sangre: tiroides, perfil hormonal, azúcar y vitamina D. Todo salió dentro de rango, excepto la vitamina D, que estaba muy baja.

Empecé a investigar y me explicaron que es relativamente común que con la edad disminuya su producción y que, al trabajar dentro de un consultorio, casi no me exponía al sol. Entonces entendí por qué recomiendan los “baños de sol” para los bebés y por qué en invierno, o en países como Canadá donde hay menos luz solar, se reportan mayores índices de depresión.

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Comencé a suplementarme y fue sorprendente ver cómo poco a poco volvía a sentirme yo misma. Para entonces, ya había perdido algunas amistades que no comprendieron lo que estaba viviendo, o al menos así lo sentí, porque cuando uno está deprimido, todo se vuelve más personal. Además, atravesaba un duelo por esas pérdidas y por la edad.

Esa etapa fue tan significativa para mí que empecé a incorporar este tema en consulta. Cuando llegaban personas de una edad similar con síntomas depresivos, me parecía fundamental considerar también los factores médicos y bioquímicos dentro de la valoración inicial. Hablarlo me dio sentido a muchas experiencias.

Empecé a darle más importancia a salir a la naturaleza, a recibir sol cuando fuera posible y a disfrutarlo conscientemente. Incluso recordé algo que una vez me dijo el veterinario de mi perro: “Cuando lo notes decaído, llévalo a tomar el sol”. La naturaleza es impresionante.

También aprendí a valorar la prevención. ¿Cuántas veces esperamos a que los síntomas se vuelvan insoportables? Muchas veces normalizamos la depresión con frases como “échale ganas” o “solo ponte a hacer algo y ya”. Pero no es tan sencillo cuando hay algo en la bioquímica del cuerpo que no está funcionando adecuadamente.

Esto también aplica cuando el cerebro necesita neurotransmisores que no está produciendo en cantidad suficiente y se evita la medicación por estigma.

Recordemos que el dolor físico no es normal y que la depresión debe valorarse y tratarse de forma integral. Somos un todo. No podemos generalizar ni etiquetar.

Debemos considerar todos los factores que influyen en nuestro bienestar: el ciclo de vida, las relaciones, el contexto, la salud física, los hábitos de sueño y alimentación, las motivaciones, entre otros.

Escuchemos a nuestro cuerpo. Seamos conscientes y cuidemos nuestra salud física y mental.

Con más de 10 años de experiencia en el ámbito educativo y consulta privada, ayuda a adolescentes y adultos a alcanzar el bienestar emocional a través de un enfoque profesional y personalizado.

Psic. Daniela Riquelme

Con más de 10 años de experiencia en el ámbito educativo y consulta privada, ayuda a adolescentes y adultos a alcanzar el bienestar emocional a través de un enfoque profesional y personalizado.

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